j.m.l.r. | ibiza
«Una putada». Con esa sinceridad define José Antonio Planells, dueño del bar de Vila Sa Parada, la obligación de ofrecer el aceite en envases no rellenables o monodosis a partir del 28 de febrero, aunque el Real Decreto haya entrado en vigor el pasado 1 de enero. Es el sentir general de los restauradores ibicencos, que tienen en la media tostada (con o sin tomate, con o sin queso) su principal oferta gastronómica matinal, a entre uno y 1,20 euros la pieza en la actualidad pero que podría encarecerse, y mucho, cuando sea obligatorio: aprobada en noviembre pasado, la nueva norma permite agotar las existencias hasta, como máximo, el 28 de febrero. Después desaparecerán las aceiteras rellenables de los bares.
Planells cree, sin embargo, que serán los propios bares los que al final tendrán que asumir el coste para no cargarlo al cliente: «No está la cosa como para subir precios, menos en lo que más se vende», asegura. También está que trina Toni Tur, del bar Balafi: «Los suministradores de aceite son una pandilla de ladrones. El Estado también, por permitirlo», señala tras calcular que a partir del 1 de marzo el aceite en envases no rellenables le costará justo el doble. Es pura matemática: el envase no rellenable de cuarto de litro (250 mililitros) cuesta 2,40 euros, cuando el litro de aceite de oliva virgen extra sale por unos 4,50 euros. Con la calculadora en la mano, Tur advierte de que la tostada que ahora sirve a un euro la unidad podría subirla a 1,20 o 1,30 euros. «A la semana me costará entre 15 y 20 euros más todo el aceite que uso», señala. Ni el recibo de la electricidad subirá tanto este año.
«¿Y por qué no la mahonesa?»
Cada siete días, Tur suele gastar unos seis litros, que vierte en aceiteras que luego se usan para empapar los bocatas y las medias tostadas. «Sé que aunque subamos el precio, seguiremos teniendo lleno el bar por las mañanas, pero me da pena por los clientes», indica. No entiende que se siga permitiendo vender la mahonesa o la sal a granel, pero no el aceite. La medida del Gobierno tiene su origen en un plan de acción diseñado por la Unión Europea sobre el sector del aceite de oliva cuyo objetivo es evitar el fraude y mejorar la competitividad. Los frascos, además de no poder ser rellenados, deberán indicar en una etiqueta qué aceite contienen.
Pese al cabreo generalizado en el sector, la Asociación de Bares, Restaurantes y Cafeterías de la Pimeef no ha tratado este tema en sus reuniones, según admitió ayer Vicente Riera Noguera, su vicepresidente y propietario de un bar y un restaurante de Santa Eulària, que cree que la decisión del Ministerio de Alimentación «supondrá una subida de precios», aunque «si bien se encarecerá la tostada, otra cosa es que se repercuta en el precio. No está el panorama para subirlos, deberá asumirlo la empresa, al menos al principio».
Más manteles manchados
La principal objeción de Riera al envase monodosis es que «manchará muchos manteles», además de que «es posible que o no sea suficiente uno solo o que en algunos casos sobre la mitad». Cree que «será más práctica la botella no rellenable, sobre todo porque es más limpia y porque permite poner más o menos a gusto del consumidor, mientras que con la monodosis, o sobrará o faltará».
El vicepresidente de la Pimeef recuerda que enIbiza hay una gran tradición de desayunar el pan regado con aceite y empapado con tomate («el cruasán ha pasado a mejor vida», afirma), de manera que «el que se sirve en la mayoría de los bares de la isla es bueno. Todo el mundo usa el virgen extra, el mejor, de garrafas de cinco litros».
Monodosis de aceite pitiuso
La Agrupación de Defensa Vegetal y Sanitaria del Olivar de Ibiza ya había previsto este cambio en el uso y costumbres de la aceitera, por lo que a mediados del pasado año empezó a producir envases no rellenables, según su presidente, Mariano Tur Roig: «Para nosotros podría suponer un incremento de ventas, pero hay que reconocer que para el restaurador representará un sobrecoste», admite. Eso sí, «de cara al consumidor es bueno, ya que así sabrá en todo momento qué es lo que consume», algo que no ocurre en la actualidad: algunas aceiteras son tan oscuras que ya es tarde cuando el aceite de girasol cae sobre el pan.
La asociación prevé, en el transcurso de 2014, fabricar también las monodosis: «Lo estamos estudiando, pues es más problemático. Hay que pensar cómo hacerlo para que los costes no suban demasiado», detalla. El envase de cuarto no rellenable lo traen de fuera de la isla, de Andalucía, pero lo rellenan en Ibiza.
Sin embargo, ese envase no convence a todos sus usuarios. Jesús Izquierdo, propietario del bar S’Esmorzar (en Vila) y que presume de que solo sirve aceite virgen extra de la isla, coge uno de un productor perteneciente a esa asociación y extrae fácilmente el tapón. Como los envases de 250 mililitros «salen mucho más caros», lo que hace es adquirir garrafas de dos litros de aceite ibicenco y rellenar los envases pequeños. Izquierdo advierte de que subirán los costes cuando sea obligatorio desechar las aceiteras rellenables de toda la vida. Quién sabe a qué precio subirán sus tostadas, ahora a 1,20 euros.
A Rosa González, del bar La Granja (Mercat Nou de Vila), le preocupa, además, toda la basura que se generará, especialmente con las cápsulas de monodosis. En su local (con medias tostadas a 1,10 euros) intentan reciclar al máximo. Por ejemplo, usan como aceiteras botellas de cerveza Coronita, a las que han acoplado un dosificador. Rellenan una vez al día cada una. También advierte de que «con una monodosis seguro que pocos se conformarán. La gente come con los ojos».