Otra fatídica madrugada para los establecimientos de Versalles, en esta ocasión de hostelería, que ya no saben cómo pedir más vigilancia para un barrio en el que se suceden los robos y el vandalismo en los últimos meses, incluso a plena luz del día.
El bar El Tonelín, en la calle Pelayo, fue el peor parado en una intensa madrugada de viernes en la que se produjeron tres asaltos. Este fue el último y ocurrió media hora más tarde de que un vecino, alertado por el ruido, llamara a la Policía Nacional en la vecina calle de Covadonga. Al menos un par de jóvenes intentaron entrar infructuosamente en el bar Happy Day, en el número 11, y repitieron la maniobra en el de enfrente, el bar Covadonga. Rompieron el cristal y huyeron con la verja que franqueaba la entrada ante la llegada de dos patrullas policiales. «Lo que más me duele es la verja, no sé cómo pudieron llevársela si mide dos metros», se lamentaba ayer Antonio Iglesias, que regenta desde hace cinco meses el bar.
Media hora más tarde y a pesar del revuelo generado, saltó la alarma del bar El Tonelín, pero en esta ocasión nadié alertó a la policía. La dueña, Virginia Díaz, se encontró a las diez de la mañana con la puerta reventada y sin la recaudación de la máquina tragaperras. Según la Policía Científica, que estuvo tomando huellas, el robo no les habría llevado más que «un minuto y medio».
«El barrio está terrible, encima de que ahora ya sólo sobrevivimos, tenemos que pasar por esto», se quejaba Díaz.