tragedia en el bar Aldana de Alonsotegi

BILBAO. Cada 20 de enero resurge el recuerdo de uno de los atentados más sanguinarios perpetrados por la extrema derecha en los primeros compases de la democracia cuando, en torno a la una de la madrugada de tal día de 1980, una bomba explotó en el bar Aldana de Alonsotegi, punto de encuentro habitual de militantes abertzales, sobre todo del PNV. Con el local todavía repleto de clientes, la terrible explosión provocó cuatro víctimas mortales -Liborio Arana, Manuel Santacoloma, Mari Paz Ariño y Pacífico Fica- y una decena de heridos. Las muestras de solidaridad fueron muchas desde el momento en que los vecinos acudieron a rescatar a las víctimas de los escombros, tal y como aparece reflejado en las informaciones de la época.

Es el caso de la revista Euzkadi, que en su número 164, del 24 de enero de ese año, entrevistaba al entonces miembro del Bizkai Buru Ba-tzar Roberto Aretxabala, testigo del atentado. Éste definía los primeros momentos como “muy confusos, la gente corría hacia el bar y se asomaba a las ventanas”. Agregó que “los primeros que llegaron tras la explosión intentaron ver quiénes eran exactamente los muertos y heridos, pero era muy difícil” debido a su estado. Sin embargo, “al principio se temió que las víctimas fueran más numerosas”, ya que un grupo amplio tenía previsto ir al Aldana tras una cena: “La mayor parte no había llegado aún, lo que les salvó la vida. También escaparon por los pelos tres matrimonios que acababan de salir del bar”.

En su ejemplar 166 (7 de febrero de 1980), Euzkadi incluyó el testimonio de José Antonio Etxebarria, presidente de la Junta Municipal y uno de los heridos en el atentado. Tras calificar esta acción terrorista de “ridícula y absurda”, interpretaba que los perpetradores pretendían “evitar que pensemos y que manifestemos nuestras ideas libremente, matando a gente que no hace nada, que no tiene relevancia política”. También se refería a las muestras de solidaridad recibidas, provenientes en gran medida de los municipios de los que eran originarios los fallecidos. “Los pueblos de Alonsotegi y Sodupe se han volcado. La prueba está en la asistencia masiva a los funerales por las víctimas”, explicó.

Los dos entrevistados hacían además especial hincapié en el cariz pacífico de esta reacción. Aretxabala señalaba, hace ya más de 30 años, que “la gente, dentro de la indignación se mantiene tranquila y está decidida a prestar todo el apoyo posible a las víctimas, siempre que no entren en juego los medios violentos, de los que ya estamos más que hartos y que condenamos sin paliativos”. Aún en caliente, Etxebarria expresaba por su parte su agradecimiento “al pueblo” por “las muestras de adhesión y la sensatez de que ha dado prueba. Sensatez admirable, que le ha permitido afrontar estos dolorosos hechos sin hacer el juego a los responsables de este tipo de atentados”.

Resulta especialmente llamativo lo que agregaba respecto al desarrollo de las investigaciones en ese estado inicial: “El gobernador civil nos prometió que se pondría en contacto con el Ministerio del Interior a fin de tomar medidas para esclarecer totalmente los hechos y evitar en lo posible su repetición. Nos ofreció todo tipo de colaboración, pero no tengo noticias de que por el momento se tenga ningún dato nuevo”. Promesas que cayeron en saco roto, a tenor de la reivindicación que presidirá el acto conmemorativo convocado hoy a las 11.30 horas junto a la iglesia de Alonsotegi: la petición de una investigación para esclarecer al fin lo ocurrido.

Reivindicación En su edición del mismo 20 de enero de 1980, DEIA informaba en portada de la acción señalando que el explosivo estaba formado por “unos cinco o seis kilos de goma-2”. Dos días después, se hacía eco de la reivindicación del ataque afirmando que “la organización de extrema derecha Grupos Armados Españoles (GAE) se ha responsabilizado de la explosión en el bar Aldana, con el trágico balance de cuatro muertos y once heridos, en llamadas telefónicas a DEIA y a un diario donostiarra”. Esta “organización fascista” indicó que el atentado “ha sido la respuesta a los avisos de que ejecutaríamos a cuatro componentes de la izquierda abertzale por cada miembro de las FOP o Guardia Civil”.

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