Todo esfuerzo tiene siempre una recompensa y a veces mayor de la esperada. Cuando hay un objetivo común cada detalle importa, cada gesto cuenta y la suma es más grande cuando más lo es el corazón de quien la afronta. Así lo hizo Enrique Llimona el pasado fin de semana y toda la buena gente que le acompañó en su desafío de correr 160 kilómetros en 24 horas.
El sacrificio personal y colectivo, la resistencia al cansancio y la fuerza mental entraron en juego en una larga batalla, pero como referente constante del transcurso de una aventura que cautivó a muchas personas estaba un fin solidario muy útil: reunir latas de pintura para que los vecinos de la barriada de Lepe Blas Infante pudieran rehabilitar y pintar sus viviendas. Con la fundación Cepaim Huelva como intermediario el objetivo se logró y esta tarde en el Mandala Mirador Lounge Bar se ha llevado a cabo una emotiva entrega de lo recaudado: Nada menos que más de 1.000 kilos que patrocinaba la empresa Geisha.
Llimona, acompañado por su gente del Club Triatlón Huelva y otras representantes de empresas colaboradoras recordó unas cuantas anécdotas y agradeció a todos aquellos que corrieron a su lado, no dejándolo sólo en ningún momento, ni de día ni de noche. El precendente que se sienta lanza un mensaje de positivismo muy grande y claro. Siempre se puede.